Los expertos que han participado en el III Congreso Mundial de Lucha contra la Explotación Sexual de Niñas, Niños y Adolescentes, que comenzó el 25 de noviembre en Río de Janeiro, parecen haberse olvidado de plantear la etiología y embriología del problema.
Unicef establece que 150 millones de niñas y 73 millones de niños que padecen esta patología adulta, pero no se abordó el tema del abuso ambiental: visual y acústico, que “adoba” y permite captar las víctimas.
Coincido con este congreso en la necesidad de combatir el “grooming” o ciberacoso, de los pedófilos que utilizan nuevas tecnologías, informando y advirtiendo sobre sus estrategias de acercamiento, con mensajes del tipo: “a mí me pasa lo mismo que a vos”, asumidos como adultos protectores y comprensivos o simulando la misma edad.
El abusador es un “invasor oportunista” que aprovecha la clásica etapa de oposición y transgresión, de los adolescentes con sus adultos significativos. La mejor vacuna es que los padres encuentren el modo de no alejarse de sus hijos, de no pelear ni comparar su época o sus sentimientos, de entender y comprender, la terrible diferencia de estímulos y sensaciones, para preveer la instalaciones de “programas basuras” (no solo en la TV), que cavan el abismo entre padres e hijos.
Fuente: rosario3.com



